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Reflexiones sobre el cracktivismo

Hace unas semanas, Mercè Molist, periodista especializada en hacking, cracking y hierbas afines, me escribió para que le contara mis opiniones sobre los recientes actos de cracktivismo que se estaban dando en la red.

¿Cracktivismo? Sí, cracktivismo, algo diferente al hacktivismo. El término se lo he leído por primera vez a Manel Medina, director del equipo de seguridad esCERT, y me parece muy acertado: hacker + activista = hacktivista, cracker + activista = cracktivista.

Un poco a vuelapluma solté unas cuantas ideas:

  • Los defacement o los ataques DDoS no son propios de hackers. La motivación de los defacement no es la curiosidad, pura droga del cerebro hacker, sino el ego y la admiración, algo mucho más mundano, típico de mentes menos inquietas. Los DDoS atentan contra un pilar de la ética hacker: la información debe fluir, quiere ser libre, no se debe poner trabas a la libertad de expresión.
  • El hacktivismo bebe de la ética hacker y comparte su postura en gran parte. A pesar de que los Netstrikes pueden verse como DDoS, no son más que sentadas virtuales, hechas con medios tecnológicos sencillos, al alcance de cualquiera que desee sumarse. Sus razones y sus modos están muy lejos de las botnets empleadas por las cibermafias para tumbar casi cualquier sitio en la Red, a pesar de que aparentemente el resultado pueda parecer similar.
  • No es lo mismo estudiar la tecnología para evaluar su uso, protestar frente a abusos tecnológicos o legales y preparse para evitarlos (autodefensa digital), que conseguir por medios propios o ajenos técnicas y tecnologías que otorgan poder a unos pocos, les permite imponer sus criterios y deja indefensa a gran parte de la Red.
  • Tomando prestada la célebre frase de mi paisano Unamuno, los hacktivistas no pretenden vencer, sino convencer, mientras que los cracktivistas intentan lo contrario, vencer sin convencer. El hacktivista se centra en la batalla ideológica, realmente su pelea se da en las mentes de cada persona que participa o asiste a sus acciones. El resultado práctico no importa en absoluto. Su verdadero objetivo no es apropiarse o tumbar un servidor, sino llegar a las mentes de quienes acceden a él. A pesar de ser capaz de saltar barreras tecnológicas como cortafuegos o sistemas de detección de intrusos, el hacktivista tiene que sortear una capa más, la humana, llena de trincheras de preconceptos y alambradas de prejuicios. Por eso usa otras bazas además de las tecnológicas: el humor, la argumentación, la emotividad, la sorpresa… El cracktivista, en cambio, utiliza a las personas y a sus ordenadores como meros fines para incrementar su cuota de poder, establece sus criterios por la fuerza, alimenta su ego con el miedo de quien teme sus ataques.
  • Más que de ciberguerra puede hoy hablarse de cibermafia. Redes de extorsión cibernética tejidas gracias a la colaboración no voluntaria de miles de cibernautas. Un hacktivista declinaría todo ese poder, puesto que sabe que su uso y abuso destruiría lo más preciado de la Red, su libertad, y facilitaría la adopción de medidas cada vez más restrictivas. El cracker, y en igual medida el cractivista, tiene objetivos mucho más mundanos, más a corto plazo. No duda en demostrar su poder en cada ocasión y en imponer su ley.
  • ¿Irá a más esta cibermafia? Depende de sus resultados en cuanto a costes y beneficios. Actualmente el coste es prácticamente cero y los beneficios son altísimos, así que tiene sentido que aumente su incidencia. La buenas noticia es que es probable que no haya pastel para todos y que muchos de estos ataques se centren en otros grupos mafiosos, en guerras fratricidas. Si finalmente se convierte en una pelea de “perros grandes”, será más fácil combatirlos porque serán menos heterogéneos, aunque habrá que estar a la altura en conocimientos y medios.

Y Mercè las ha juntado con las suyas propias, las de Manel y las que ha encontrado en la red para hacer un artículo muy chulo: “Crecen los ciberataques por motivos políticos” 🙂